13 julio 2007

Soñabas

Las luces de la autopista se pierden a toda velocidad por el rabillo de tus ojos. El coche avanza impasible rodeado de carriles vacíos, sin más compañía ocasional que los faros cegadores de los escasos vehículos que nadan contra corriente más allá de la mediana. La monotonía del trayecto suena como una nana, mientras tus párpados luchan para no abrazarse en medio de la noche. Nada cambia hasta que un perro cruza la autopista y tú giras instintivamente el volante. Lo siguiente es el mundo dando vueltas. Cuando abres los ojos, te das cuenta de que soñabas y de que el coche lleva un minuto y medio consumiendo a solas varios kilómetros de recta. Has tenido suerte. Para cuando tus ojos se vuelven a cerrar, ya has tirado fuerte de la manta y estás acurrucado contra un cuerpo caliente. Ya no volverás a separar los párpados. Ibas a 100 kilómetros por hora y, mala suerte, soñabas otra vez.