Por más que lo intento no logro evitar la permanencia de ese leve rastro de ceniza en la esquina del mueble del comedor. Mi mujer lleva años pidiéndonos a mí y a mi madre que lo dejemos porque nos hace
daño, pero la costumbre es más fuerte que la razón y ninguno de los dos podemos prescindir de ese ritual en cada comida. Lo hemos intentado varias veces, pero antes del segundo plato nos arrepentimos y repetimos la ceremonia. Mi mujer dice que sólo es un desagradable montoncito de ceniza sobre el mueble, pero ella no entiende que no podamos comer sin papá.

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