En una época donde triunfa lo audiovisual y el tiempo es un bien escaso, los microrrelatos actualizan la tradición del cuento y ofrecen grandes historias en sólo unos segundos de lectura. En estos tiempos de escasez de tiempo, algunos optamos por la brevedad como forma de expresión, aunque las palabras justas de las historias breves requieran amor desmedido por la concisión.
Agarrar al estúpido lagarto de ojos azules se convirtió en lo más complicado. Algo mucho más difícil que capturar al caballo, al burro, a la oveja o incluso al león. Al tercer día, con el cielo nublado y el diluvio por venir, me dí por vencido. Dios lo quiso así. Cerré la puerta del arca y lo di por extinguido.
El todopoderoso dios lagarto se enfrentaba al creciente malestar de los animales de la tierra y, para evitar una revuelta incontrolable, creó un nuevo culpable de todo: a partir de la pata del cerdo modeló la mano del hombre.
Querías ser cantante y compraste un micrófono inalámbrico profesional. Querías ser fotógrafo y adquiriste una réflex digital último modelo. Te cansaste pronto. Ahora quieres ser escritor y ya tienes un mini ordenador portátil de última generación. Te equivocas otra vez. Si quieres escribir, deberías empezar por comprar un libro.
La obra de este escritor es la principal víctima de su ego desmedido. Sus novelas son pretenciosas, caóticas y previsibles; sus cuentos son lineales, infantiles y fallidos; sus poemas no pueden llamarse poesía, si acaso, versos erráticos. Qué decir de sus ensayos, esos compendios de pensamientos adolescentes sin argumentos ni justificación. En honor a la verdad, de este escritor lo único realmente elogiable sería esta magnífica crítica.
Max me cayó mal desde la primera cena de solteros en el crucero. No lo voy a negar. Se creía demasiado guapo, demasiado gracioso y demasiado listo. Era insoportable. Por eso me molestó tanto que se fijara en mí, que me siguiera aquella noche hasta la cubierta. Cuando intentó besarme, se me nubló la mente. Quizá lo empujé demasiado fuerte, pero tampoco me van a echar la culpa de que se hundiera en el mar.
Siempre he querido escribir la nobela del siglo o, por lo menos, la nobela del año. Sueño con convertirme en un escritor de écsito, en una referencia mediatica que convierta en oro impreso cada letra que junte con otra. Lo tengo claro, así que deboro y analiso desde hace años todos los grandes écsitos de la literatura mundial. Ya conosco los mecanismos, los temas, los tonos, los ambientes, el estilo, la psicologia de los personages y las dosis adecuadas de jéneros. E diseñado la portada, la contraportada, la campaña publicitaria y la estratejia de distribusión. En cuanto pula la hortografía, nadie podrá pararme.
De repente un día se va la luz y todo deja de funcionar. No puedes cocinar ni enfriar nada, tampoco bañarte con agua caliente. El ascensor muere y la puerta del garaje no se puede abrir. Retrocedes cincuenta años en unas horas y pronto te das cuenta de que no se vive tan mal. Cuando se restablece el fluido eléctrico, ya has tomado una decisión. Te das de baja y optas por el gas butano y las velas. Lástima que el cambio, tu casa y tú duraran tan poco.
Tengo pruebas irrefutables contra usted: tengo tres testigos, tengo el arma homicida con sus huellas y tengo su ADN en la ropa y en el cuerpo de la víctima. Usted no dispone de coartada, atesora un móvil “lógico” y carece de un buen abogado. Sume a eso sus antecedentes y su drogadicción. Si ya está condenado, ¿para qué quiere un juicio largo y justo? Ahorrémonos las molestias y confiese de una vez. Está perdido. La inocencia es una percepción ajena.
Me dicen que tengo manía persecutoria, que me siento observado, que escucho voces y pasos tras de mí. Me dicen que imagino cosas, que temo a sombras, que fabulo conspiraciones. Incluso se han atrevido a poner en duda mi equilibrio mental. Ilusos, querían acabar conmigo y no saben que ya me he puesto definitivamente a salvo. El arma, el uniforme, la identificación y las claves se las entregué a José El rubio. Yo me he quedado con su celda.
El hombre negro escuchó los gritos de la mujer blanca y salió de casa para enfrentarse a los gitanos. El hombre blanco escuchó los gritos de la mujer gitana y salió de casa para enfrentarse a los negros. El hombre gitano escuchó los gritos de la mujer negra y salió de casa para enfrentarse a los blancos.
Confíe en mí. Usted sólo tendrá que aportar una respetable cantidad de dinero y en el plazo de unos meses podrá multiplicar por cinco sus ganancias. Todo limpio, todo legal, todo con luz y taquígrafos. No se preocupe de nada, usted limítese a hacer la transferencia y a esperar sentado. Éste es un negocio seguro. ¿Pero por qué me mira así? No sea prejuicioso, sólo son dos cuernos y yo no le he dicho nada a usted de sus alas.
-Jefe, con tanto trabajo no tengo tiempo de desarrollar mi faceta literaria. -Déjese de cuentos, Sánchez, y termine ese informe de una vez. -Colorín colorado.
El del 33-A era un tipo solitario, amable y sonriente. Jamás causó problemas. Lo que sí nos extrañó es que empezara a vestir túnicas y chanclas, que se dejara tanta barba y tanto pelo. A pesar de su aspecto, ningún vecino le temía, quizá porque en el ascensor siempre repetía bellas palabras de amor y fraternidad. La policía dice que ha sido un suicidio, pero para nosotros ha sido un milagro. Cómo explicar, si no, que haya podido crucificarse solo.
Siempre pensé que el juicio final pondría en su sitio a buenos y malos. Que llegaría el día en que la Justicia se impondría a la arbitrariedad. Jamás imaginé que mi destino estaría antes en manos de dioses terrenales. Que otros todopoderosos impondrían aquí su criterio. Siempre pensé que Dios saldaría nuestras cuentas vestido de blanco. Jamás imaginé que un ejército de ángeles negros adelantaría a su antojo nuestros juicios finales.
Bebí demasiado, discutí con ella y terminé a las siete de la mañana perdido, sin rumbo y con un vago recuerdo de la ubicación de mi coche. Cuando lo encontré, ya había perdido las llaves. Suerte que siempre guardo un juego de repuesto en la guantera y que el cristal del copiloto se puede bajar a mano. Pena que por más que lo repito no consigo que los polis me crean. Quién me mandaría a disfrazarme de indigente.
La gente se echó a la calle armada con cacerolas, pitos y palos. Enseguida empezaron a arder coches y contenedores; a caer semáforos, farolas y carteles. Los escaparates se hicieron trizas, las puertas de los centros comerciales se abrieron a la fuerza y las patrullas de la policía huyeron entre pedradas. La gente dejó de trabajar, se echó a la calle y lo llenó todo de barricadas y hogueras, mientras se desgañitaban pidiendo más orden y más seguridad.
Después del primer puñetazo te lanzaste del coche en marcha. Dolorida y mojada intentaste alcanzar el portal de aquel edificio moderno. Tu novio detuvo el Ford granate con un quejido mecánico y antes de que repitieras dos veces socorro ya te había golpeado con las botas de la obra en el centro de la espalda. Luego vinieron más y más botas, más y menos gritos. Mientras te insultaba sin dejar de patearte, en el edificio empezó a sonar música y todas las persianas se bajaron.
Del amor realizado surgió un fogonazo que se transformó en carne en tu interior. A aquel milagro le salieron dos brazos, dos piernas y una gran cabecita. Poco a poco se fue llenando de piezas vitales y fue tomando el aspecto de los dioses de su creación. Cuando ya estaba convertido en un ser viable, llamó a la puerta de tu útero y quiso salir, apresurado, para comprobar lo que ya sabía. Nunca os quiso hacer sufrir y por eso se marchó tan pronto. Era demasiado bueno para este mundo.
Siempre quise ganarme la vida escribiendo. Hoy tengo una libreta preciosa, de tamaño folio, papel de escaso gramaje y un lomo primorosamente engomado. Me siento cada día entre ocho y diez horas frente a ella, junto a un bote lleno de bolígrafos. Allí plasmo todas las cosas que ocurren, todo lo que pasa ante mis ojos. El uniforme, la gorra y la garita confunden a los ciudadanos. Ellos ven un vigilante, pero yo soy escritor.
Después de años de obsesión por mi carrera profesional y olvido del trabajo doméstico, me he dado cuenta de que yo también tengo que participar en las tareas del hogar. Que puedo y debo plancharme la ropa, limpiar el baño, poner la lavadora, fregar la loza o hacerme el desayuno y la cena. Sé que tengo que hacer la compra, mantener el orden dentro de casa, acicalar a los niños y, si surge el momento, por qué no limpiar también el polvo o los cristales. Después de años de quejas, lo he comprendido. Mi marido se va a poner muy contento.
Llevabas muerta cinco días y nadie te echó de menos. En cuanto recibieron la noticia, tus cuatro hijos y tus cinco nueras salieron corriendo hacia la notaría.
Hace veinte años que esperaba una señal y una avioneta se estrelló ayer en la isla. Cuando se apagó el fuego pude contar los cuerpos: cuatro hombres. Los senté y les conté mi historia: lo que he comido, donde he dormido, lo que he pasado desde que el yate perdió el mástil. Hoy, la radio aún emite una señal de SOS; por eso, esperanzado, coloqué los cuerpos como estaban, destruí mi cabaña, me afeité y me puse ropa limpia. Quiero dejar de ser un náufrago. Cuando estire la mano y toque la llama, mi cuerpo bañado en queroseno contará la historia de cinco muertos en accidente aéreo. Ni una palabra de un náufrago.
Antes, Seidou trabajó muy duro en la barca de su tío, ahorró durante años y pidió un préstamo a su padre; caminó muchos kilómetros, durmió bajo los árboles y sufrió la codicia de los pobres. Quería una vida nueva. Ahora, una camisa falsa de Eto´o flota en el mar. Se la regaló su viuda.
Yo pensaba que esto no sería más que un rollo de una noche; una breve aventura de verano a lo sumo. Pero una cosa me llevó a la otra y mil veces intenté zanjar nuestro romance, apenas cimentado en una leve atracción física. Siempre me ha costado dar el paso en las rupturas, será porque soy un cobarde y un sentimental que no sabe decir que no. Una cosa nos llevó a la otra, pero esto ha ido ya demasiado lejos. Necesito tiempo para mí. Estar solo. Pensar. Madurar. Hoy te diré que esto se tiene que acabar, y sólo me preocupa cómo se lo tomarán los tres niños, sobre todo el pequeño, que acaba de entrar en la universidad.
Profesor, parece que en mi casa viven dos fantasmas salidos de dimensiones distintas. No se ven. No se escuchan. No se tocan. Sólo transitan por la casa, abren grifos, cierran puertas y ruedan muebles. Uno no para de cambiar objetos de sitio, pero el otro permanece casi siempre sentado en el salón. Jamás hablan entre sí, pero de vez en cuando escucho gritos y lamentos repetitivos. Tengo miedo. Ya no parecen mis padres.
Me gusta cuando te sientas en un banco de la plaza y sonríes; cuando coges un libro y te tumbas en cualquier lado a pasar páginas con paciencia infinita. Disfruto cuando degustas las garbanzas en ese restaurante al que vamos siempre; cuando saboreas un helado mirando al mar. Sonrío cuando te veo reír a carcajadas frente al televisor, con tanta fuerza que parece que siempre fueran nuevos los chistes de esa película que ya has visto mil veces. Me haces feliz, inmensamente feliz, cuando te miro y no puedo ver la barrera que nos separa. Cuando te miro y no veo más que a un niño.
El guachinche de El Cilindrín es famoso por la carne de cochino, no por la amabilidad del dueño. El Cilindrín es un tipo irascible, violento y bebedor, conocido por trabajar poco y por maltratar a su esposa y a sus hijas. A pesar de su incómoda presencia, su familia lleva con éxito el negocio. Por eso, la noche en que dijeron que Anastasio El Cilindrín se había embarcado con una extranjera, no hubo duelo, sino fiesta en el guachinche. Los clientes bebieron y comieron como nunca. Invitó la casa. Sobre el fogón, un secreto familiar y dos tipos de carne de cochino.
Cuando suena la última campanada en la televisión, una masa de pulpa, piel y pipas de uva se acumula en tu boca. Imposible tragarse eso. Otro año sólo has logrado meterte en la boca las doce, lo de comértelas lo has dejado para futuras nocheviejas. Se escuchan gritos de alegría, felicitaciones, brindis y fuegos artificiales a lo lejos. Si pudieras, encenderías ahora mismo un gran petardo. Estás feliz, es Año Nuevo; aunque para ti no será tan novedoso: sólo un año más o, mejor, todo un año menos. Esta noche, cuando miras al cielo por la ventana, los barrotes parecen más delgados.
"Y hete aquí uno de los mejores blogs de ficción recomendados este año por los internautas. Hiperbreves S.A. es una oda a las letras pensada para tiempos de ritmos vertiginosos", de la sección "Apunta el blog" del Diario Menorca
"Un breve mundo por descubrir. A todos los interesados, fascinados, envenenados por los hiperbreves y la literatura mínima. No dejéis de visitar y trastear en el blog Hiperbreves S.A. Qué gran trabajo el de Raúl Sánchez Quiles", una amable exageración del blogAtrapalabras.
"Si Baltasar Gracián viviera, se sentiría, cuando menos, honrado: Raúl Sánchez Quíles interpreta al pie de la letra su máxima de la brevedad", parte del texto de Salvador García Llanos publicado enGarciaenblog.
"Sánchez, con la habilidad propia de un cirujano de la palabra, disecciona en sus microrrelatos con precisión milimétrica cada rincón de la conducta humana", de La Ranilla titulada "Relatos contrarreloj", de Rafael Ben Abraham Barreto.
Premio Bloggers Arts
Otorgado por La Traición de la Luna
Premio al Mejor Blog del Día 9 de Diciembre de 2008
Orden del Stultifer de Oro
Premio Blog Fantasía
Otorgado por Médico del Alma
Premio Symbelmine
Otorgado por Pensamientos
Premio Drago de Oro
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concedido por www.nautilusloft.com
Premio otorgado por Nautilus Loft
Otorgado por el blog Soy consciente
Premio Este Blog es una Joya
Otorgado por el blog Asqueados, resentidos y otros malos bichos